El Paseo de los Mártires y sus Bustos Trastocados Por María Victoria García Azuero
El Paseo de los Mártires y sus
Bustos Trastocados
Introducción
La leyenda continúa de generación en generación, hasta
que un buen día un gran amigo, Rafael Luna Franco, me menciona esta historia y me
pide que hiciera una investigación a manera de ejercicio, para el Grupo de
Facebook llamado “Biografías de Personajes Cartageneros a través de la historia”
creado por esta servidora en el año 2008.
Grupo este de donde se tomó el nombre para el libro sobre las
genealogías de las familias cartageneras de mi autoría.
Emprendimos esta investigación en el grupo de
“Biografías” y varios miembros se dieron a la tarea de buscar información
relacionada con la vida de los Mártires.
Germán Pino Arboleda, tenía acceso al Museo Nacional, pudiendo conseguir
copias de los óleos de los mártires que existían al momento en que Luis Felipe
Jaspe Franco, basado en sus
bocetos se elaboran en Italia los bustos de los Mártires. Rosario “Yayo” Díaz, muy generosamente le tomó
fotos a los bustos y pedestales y los subió al grupo “Biografías” en Facebook,
para que pudiéramos comparar. Yo me documenté con varios libros de mi
biblioteca personal, que se han escrito sobre este suceso, y con otras referencias
y variados documentos, me permitieron comparar fotos de los bustos y sus
pedestales, con los óleos existentes de los mártires de nuestra querida patria
Cartagena de Indias y así hacer un pequeño aporte a la historiografía
cartagenera.
Con la intención de darle el dramatismo que se merece
estos próceres, y no solo ellos, sino todo el pueblo cartagenero que vivió en
carne propia, la pérdida por el hambre de sus hijos, de sus padres, de sus
abuelos, de sus primos, de sus amigos, ver que no podían enterrarlos, ver sus
cadáveres deteriorándose dentro de sus propias casas, en las calles, en los
zaguanes, sin rendirse ante el español, sin izar la bandera blanca durante los
105 días del sitio de Morillo. Por ello hago una narración cronológica que va desde
el 24 de febrero 1816, fecha del fusilamiento de Los Mártires, hasta la fecha
de la celebración del Centenario el 11 de noviembre de 1911. Haciendo una mención especial sobre los últimos momentos vividos
por estos grandes próceres, sus casas de habitación y una que otra pequeña
anécdota que ha sobrevivido al tiempo y al olvido, para darle un toque humano a
esta relación histórica.
A la pregunta de por qué estos nueve mártires más uno,
fueron los que escogieron como escarnio público, la respuesta es porque
encabezaron y dirigieron el movimiento insurreccional de Cartagena contra
España y produjeron la ruptura con la autoridad monárquica.
Últimos momentos en la vida de los Mártires
24 de Febrero de 1816
Este es el último día de los
mártires. Francisco Montalvo, ordena la
ejecución. A los prisioneros hay que recogerlos de las tres distintas cárceles,
la Inquisición, el Convento de San Agustín, y la Casa del Cabildo. Ellos llenos de muchísimo valor y una gran
serenidad, caminaron desde la Plaza de la Proclamación, tomaron la calle Román siguieron
por la Calle Portocarrero y cruzan la Plaza de los Coches, pasan por debajo de
la Boca del Puente, atraviesan el Puente Levadizo que pasa por encima del Caño
San Anastasio, pisan tierra firme y caminan unos 150 pasos hasta llegar al
final de los recién demolidos locales del mercado en la Plaza del Matadero, donde
supuestamente estuvo el cadalso, despidiéndose con tranquilidad ante el
silencio sepulcral de los cartageneros.
Leyendo a Gabriel Jiménez Molinares nos encontramos una muy emotiva descripción
de la escena que presenciaron ancianos, mujeres y niños:
“… Los reos al momento de
llevarlos al patíbulo hubo que recogerlos de por lo menos 3 cárceles: la de la
Inquisición, la de los bajos de la Casa Municipal y la del Cuartel de San Agustín
(hoy universidad de Bolívar) de allí salió Stuart, que al pasar por la casa de
la familia Tatis (calle de la Soledad) en donde era amigo, despidióse sonriente
con una inclinación de cabeza; las damas cayeron de rodillas bañadas en
lágrimas…” [1]
Manuel Ezequiel Corrales nos hace el
favor de describir la cárcel que estaba localizada antiguamente en la Casa
Municipal (Palacio de la Gobernación hoy día), y que es otro momento más que
podemos conocer: “La entrada en la cárcel era por un zaguán, que hoy constituye
una de las piezas más occidentales de la galería baja, una de las cuales la más
interior, servía de capilla para los reos condenados a sufrir la pena de
muerte. Varios de los Próceres del 24 de
Febrero de 1816, estuvieron en dicha capilla, de la cual salieron en ese día,
para seguir al cadalso. En la parte
baja, servía una pieza de calabozo a los procesados por motivo criminal”. [2]
“Al llegar la escolta a la misma esquina del
Palacio, el Virrey Montalvo, que estaba en una de las tribunas del edificio,
notó que la escolta iba a seguir camino sin haber sido promulgada la sentencia,
y desde dicho punto gritó: --¡Pernet, Pernet, (Fernando Pernet, Escribano Público)
pregona la sentencia!”[3]
Siendo que el cartagenero sobreviviente al Sitio había
decidido callar ante semejante tragedia vivida junto con sus familiares y
amigos, muy pocas anécdotas personales han llegado a nuestros días. Y es este gran escritor Manuel Ezequiel
Corrales ávido de conocer más sobre el Sitio, es
quien en 1886 entrevista a los señores Andrés Estarita
y al Coronel Joaquín María Tatis, que como prisioneros de los españoles, les
tocó enterrar los cadáveres de los mártires a quienes llevaron en carretas
hasta el incipiente Cementerio de Manga, y los sepultan en una fosa común.
Angulo Bossa en su obra Régimen del Terror,
narra estos hechos de la siguiente manera:
“Además de estos
testimonios, en la misma obra de Ballestas Morales, encontramos el de
Don Jeneroso Jaspe, citado también por Lemaitre, quien nos dice que un anciano,
“que de niño presenció el fusilamiento de los mártires, le dijo “que a los
cuerpos de los supliciados no se les concedió ni siquiera un ataúd, como es de
costumbre en casos de última pena, sino que fueron echados como animales en
una carreta en dirección al entonces naciente cementerio de Manga, donde
después fueron arrojados en una fosa común…” (Subrayado del suscrito)”.[5]
Quienes fueron Los Mártires
Manuel de Anguiano y Ruiz.
Coronel de Ingenieros, de los Reales Ejércitos. Fue hecho prisionero a la entrada de Morillo
el 5 de diciembre de 1815, contaba con 58 años de edad. Casado y con cinco
niños, la mayor tenía tan solo 6 años de edad. Hizo parte del Triunvirato de
Gobernadores junto con Juan de Dios Amador y Domingo Esquiaqui, para recibir al
Pacificador Pablo Morillo.
“El 11 de noviembre de 1811, Anguiano desempañaba el
cargo de Jefe del Regimiento Fijo, y el influjo de su empleo lo puso al
servicio del movimiento popular de ese día. Vivía él entonces en la casa de la
esquina opuesta al Palacio municipal (donde hoy –1886—habita el Sr. Blas de
León), y notando la desconfianza que manifestaba el pueblo al acercarse una
compañía de dicho Regimiento a la Casa del Cabildo, salió al balcón y aseguró
que ‘la fuerza veterana, en lugar de hostilizar a los que allí estaban
reunidos, apoyaría sus justas exigencia’.”[6]
Manuel de Anguiano, fue el único que vistió uniforme
para poder ser degradado antes de ser fusilado.
Lo suben en un tablado (en el óleo de Luis Felipe Jaspe Franco, se notan
unas escaleras de madera) hecha especialmente para ese acto, y para humillarlo
más, encomendaron a un sargento para que lo hiciera. El Coronel de Anguiano reclamó “con dignidad
sus fueros” y un Jefe Español tomó parte de aquel acto tan humillante.
Don Manuel de Anguiano sufría de dolores de cabeza
constantes, y ese día, llevaba en la cabeza puesto y amarrado un pañuelo de
madraza, para mitigar la migraña. Así aparece en el citado óleo.
Y como dato curioso, su único hijo varón, también
fallece fusilado en 1833, por haber tomado parte en la conspiración de Sardá. La
descendencia de los Anguiano aparentemente se encuentra en las Sabanas de
Bolívar.
José María Portocarrero.
Hecho prisionero cuando tenía 34 años de edad, en el
Partido de Lorica junto con Martín de Amador y Pantaleón de Germán Ribón
después de la derrota de Chimá. Fueron
luego llevados a Torrecillas donde estuvieron presos.
En este otro momento de ese día vemos a Portocarrero caminando
hacia el cadalso (1816) por la calle –que hoy día lleva su nombre, Calle
Portocarrero--, el mártir sufrió un vértigo y pidió un vaso de vino. Algunos dicen que el vino le fue dado en la
tienda de la esquina llamada Sebastopol, y otros que la de donde hoy (1886)
está la del señor Luis M. Ochoa.[7]
En la foto a la derecha, posible tienda Sebastopol en
febrero 24 de 1816. Es la puerta que se ve en la casa de balcón esquina Calle
Portocarrero y Calle de las Carretas, antigua Joyería Cesareo. Albúmina sobre estereográfica del Darien
Expedition, Comodoro Selfridge 1870, fotógrafo T.H. O’Sullivan.
Manuel Rodríguez Torices y Quiroz
Esta hermosa anécdota la cuenta Gabriel
Eduardo O’Byrne siendo ya el gran periodista del periódico El Porvenir, a José P. Urueta, para su libro Los Mártires
de Cartagena, hacia 1886. Es este uno de los pocos testimonios del dolor del
cartagenero sobreviviente del Sitio de Morillo:
“…Era
yo niño cuando mi madre, (Agustina Carrillo) íntima amiga de Doña Francisca Rodríguez-Torices,
--llevábame con frecuencia a casa de esta buena señora-- a quien apedillaba yo
entonces con el cariñoso nombre de mamá Pacha.
Vivía Doña Francisca con una sobrina y con su hermano
Don Antonio (Rodríguez-Torices y Quiroz) que representó importante papel en la
política de este Estado y a quien la suerte despiadada y las veleidosas
amistades habían vuelto la espalda: encontrábase reducido a un sillón por la
parálisis y su sala abandonada por los que la frecuentaban en días de
prosperidad, claramente decía que ya no brillaba en aquella casa el metal que
en otro tiempo contribuyó a darle lustre: unas pocas familias visitaban a Doña
Francisca; pero el ilustrísimo señor Medina, Obispo de la Diócesis y ahijado de
don Antonio, era el que casi diariamente le visitaba de 5 a 7 de la noche.
Entre todos los objetos y muebles de aquella casa, que
revelaban un opulento pasado, el único que llamaba mi atención y el cual
siempre me complacía en contemplar, era un retrato de busto, al óleo, en marco
caoba, colgado en el testero de la sala de recibo sobre un clavicordio:
representaba a un hombre mozo de arrogante apostura, ojos grandes, rasgados y
vivos, mirada franca, nariz recta bien perfilada, cejas espesas y casi
horizontales, frente espaciosa, orejas bien colocadas, cara en general ovalada,
de aspecto simpático y cabeza de gran proporción; vestía traje anticuado:
camisa de cuello alto con chorrera, corbata de ancho lazo, chaleco blanco
abierto, casaca roja galoneada y faja azul.
La curiosidad, natural en todo niño, avivada por las
circunstancias dichas, me impulsaron a preguntar quién era el apuesto mancebo a
quien representaba aquel retrato. (ya
aquí se vislumbraba el gran periodista). ‘Ese es mi hermano Manuel, el que
fusilaron en Bogotá los españoles, y fue Presidente de Cartagena,’ me contestó
Totó –Antonio María Francisco Rodríguez Torices--, (afectuoso renombre que la
sobrina de Doña Francisca daba a don Antonio, y con el cual yo también le
llamaba). Había en aquella contestación muchas ideas que mi inteligencia no
podía comprender y pregunté:
--¿Qué cosa es fusilar?
---Fusilar es matar, me contestó
--Y ¿por qué lo mataron?
A Manuel Rodríguez Torices lo fusilaron, lo ahorcaron
y le cercenaron su cabeza la cual fue expuesta en una jaula de hierro, para
escarmiento público, en la Plaza de Bolívar en Bogotá. José Belver, testigo
ocular siendo un niño, nos cuenta sesenta y cinco años después, lo que vio y que
fue publicado en el Papel Periódico del 5 de octubre de 1881. […el señor Torices, quien recibió los balazos
solamente en el pecho, pudiendo, por lo mismo, distinguirse perfectamente su
hermosa y bella cara, cubierta de una
tez blanca y de una barba negra y bien poblada que contrastaba agradablemente
con lo blanco de aquella…] […el señor
Torices estaba con pantalón, corbata y chaleco blanco y un chaquetó de paño
colorado con cuello y vueltas celestes, y calzado con botas de ante amarillo…].[9]
José María García de
Toledo y Madariaga
Hecho prisionero al norte
del Río Chagres, en la desembocadura del río Coclé, junto con su gran amigo,
Miguel Díaz Granados y Núñez Dávila. Contaba con 47 años de edad.
De acuerdo a Eduardo
Lemaitre Román, solamente había dos retratos auténticos: el de José María
García de Toledo y el de Pantaleón de Germán Ribón.[10]
José María era un hombre
enfermo de artritis y de ceguera, seguramente causada por la diabetes, en ese
momento tenía dos hijas menores del primer matrimonio, residentes en España y
cuatro niños de 9, 7, 6 y 5 años nacidos en Cartagena de su segunda unión. Dejó
6 niños huérfanos. De su descendencia conocemos la que dejó en Inglaterra o sea
sus hijos mayores.
Miguel Díaz Granados y
Núñez Dávila
Tenía 34 años cuando fue
apresado al norte del Río Chagres, en la desembocadura del río Coclé junto con
su gran amigo, José María García de Toledo.
De Miguel Díaz Granados tenemos sus últimas palabras que me conmueven
mucho cada vez que las leo:
“Prometí derramar hasta
la última gota de mi sangre por la independencia de la Patria: mi promesa va a
ser cumplida”. [11]
Dejó dos niños
huérfanos. Su descendencia se encuentra
en Cartagena y Bogotá.
Manuel del Castillo
y Rada
Don Manuel Del Castillo se comprometió con la causa de la Independencia desde 1811
Comandante de la Plaza en 1815, luchó contra los españoles que nos sitiaban con
arrojo y valentía, saliendo a buscar alimentación hasta los límites para darle
de comer a la Plaza, furtivamente escoltando a los pescadores en la bahía que traían el tan anhelado alimento. Contaba
con 35 años de edad. Estaba recién casado y no deja descendencia.
Fue hecho prisionero junto con José Antonio de Ayos y
Necolalde en el Convento de Santa Teresa.
Escribe Morillo: “…Ha sido Gobernador de esta Plaza la mayor parte
del tiempo que ha estado sitiado por el ejército de mi mando; por su
disposición pegaron los rebeldes fuego a los pueblos de Ternera, Turbaco,
Turbana, Santa Rosa, Pasacaballos, y muchas casas de campo, para que no
sirvieran de abrigo a nuestras tropas. Sus crímenes son bien conocidos por toda
la provincia, y en todos los papeles y proclamas que expedían este jefe
revolucionario, manifestaba el implacable odio que tiene a los españoles, hasta
decir que el trono del Rey estaba salpicado con sangre americana. Fue preso en
el convento de monjas de Santa Teresa de esta ciudad, donde estaba escondido,
por los coroneles D. Gabriel de Torres, y D. Ildefonso de Sierra y el Capitán
D. Manuel Jiménez. Está preso en la Inquisición. Van adjuntos algunos papeles
suyos…”[12]
Con esto que nos cuenta Gabriel Jiménez Molinares en
Linajes Cartageneros, Los Del Castillo, nos enteramos de la forma como fue
apresado no solo Manuel del Castillo y Rada sino también José Antonio de Ayos,
quien padecía de una penosa enfermedad.
Y nos dice don Gabriel:
"Quien se atrevería a ocultarlo a él, el General
en Jefe de las Armas por cuya tenacidad habían perecido 3000 soldados del Rey?
Quién se arriesgaría al papel de encubridor
de tan insigne criminal? Solo un Convento vecino al mar, dió asilo al
hombre desolado. El de Santa Teresa.
Castillo fue descubierto en ese asilo por la forzada
delación de una mandadera. Morillo se alojó en casa de don Lázaro de Herrera,
con quien vivía. Al lado habitaba doña
Isabel de Blasco, la esposa de Castillo.
Una criada, probablemente sirviente del Convento de
Santa Teresa, fue enviada donde la señora de Castillo en busca de ropa, pero
equivocándose entró en la de Herrera y dió su recado ante Morillo. Acosada a
preguntas y amenazada, reveló el escondite del Caudillo.
El propio Gobernador de la plaza, Brigadier Torres,
recibió el encargo de allanar el Convento, lo que hizo sin escándalo en las
primeras horas de la noche, acompañado del Coronel Ildefonso Sierra y del
Capitán Manuel Jiménez. Pero la ronda produjo
más de lo calculado, pues junto a Castillo encontraron al Dr. Antonio José de
Ayos. Fueron conducidos a la cárcel de la Inquisición.”[13]
Antonio José de Ayos y
Necolalde
Antonio José de Ayos tuvo
rol protagónico muy importante, sirviendo a los ideales de la libertad. Y en
estos sus últimos momentos, con mucha serenidad, a pesar de su estado de salud,
iba caminando dignamente hacia el cadalso. Tenía 42 años de edad. No se le conoce esposa
ni descendencia.
La única referencia que
tenemos sobre lo ocurrido en aquel nefasto 24 de febrero de 1816, es la cita
que nos trae Gabriel Jiménez Molinares, entresacada de la obra de Michael
Scott, publicada en 1829:
“…La lentitud de la procesión provenía en
parte del lamentable estado de salud de casi todas las victimas…Ayos,
convaleciente de grave enfermedad que lo privó de sentido y ocasionó el
aplazamiento de su indagatoria; padecía de reumatismo general crónico, que lo
obligó a veces al uso de muletas, andaba rengueando…”[14]
Martín de Amador y
Rodríguez Funes
Hecho prisionero el 26 de septiembre de 1815 junto con Pantaleón de Germán Ribón y Segura.Tenía 38 años, y dejó cuatro hijos pequeños. No he podido encontrar a su descendencia.
Estuvo preso en Torrecillas. Aquí el mismo nos cuenta de su captura. “… El 23 al anochecer salí en dirección a Nay, en unión de otras barquetas. Pero a la hora de salida fueron atacadas las que iban detrás, por lo que me desembarqué en la oscuridad de la noche. Internándome en el monte con otros varios: el 24 nos reunimos en una choza y entre ellos estaba Ribón (Pantaleón de Germán Ribón y Segura): el 25 pasamos a la ladera opuesta del río, donde había un trapiche. Allí hablé con un mozo con la intención de irme al Chocó…pero el mismo día 26 estando oculto cerca de la casa, llegó un hombre que entonces no conocí, leyó un bando que a nombre de nuestro amado Monarca, mandaba D. Rafael Espinosa de Montería, y uno de sus artículos decía: “Todo insurgente que se presentare será perdonado y protegido…” Seguidamente, explica que fue conducido a Montería donde se identificó ante el señor Espinosa y de allí fue enviado a Cartagena para ser juzgado.[15]
Pantaleón de Germán Ribón
y Segura
De acuerdo a Eduardo
Lemaitre Román, solamente había dos retratos auténticos el de José
María García de Toledo y el de Pantaleón Germán Ribón. [16]
María García de Toledo y el de Pantaleón Germán Ribón. [16]
Tenía 48 años al momento
de su captura estuvo preso en Torrecillas hasta el momento del
juicio en Cartagena. Que se sepa dejó dos niños huérfanos y su descendencia está en Mompox y
otras ciudades.
juicio en Cartagena. Que se sepa dejó dos niños huérfanos y su descendencia está en Mompox y
otras ciudades.
Dice Álvaro Angulo Bossa: “…En el infausto
año de 1815 se unió a las tropas de Martín
Amador en las Sabanas de Bolívar y tras el calvario padecido en ese territorio realista, cayó en
manos enemigas junto con Amador, acogiéndose a un indulto que fue carnada infame para
atraparlos; enviados al Cuartel General de Morillo en Torrecillas, fue entregado a un tribunal
militar en Cartagena, con las siguientes indicaciones: “… Con este individuo debe hacerse un
ejemplar castigo en la villa de Mompox, pues confían en él todos los rebeldes y aún lo esperan
como los judíos al Mesías… Sentenciado a muerte, su pena fue agravada mandando “que su
cabeza sea conducida y puesta en un palo en dicho Mompox”[17]
Amador en las Sabanas de Bolívar y tras el calvario padecido en ese territorio realista, cayó en
manos enemigas junto con Amador, acogiéndose a un indulto que fue carnada infame para
atraparlos; enviados al Cuartel General de Morillo en Torrecillas, fue entregado a un tribunal
militar en Cartagena, con las siguientes indicaciones: “… Con este individuo debe hacerse un
ejemplar castigo en la villa de Mompox, pues confían en él todos los rebeldes y aún lo esperan
como los judíos al Mesías… Sentenciado a muerte, su pena fue agravada mandando “que su
cabeza sea conducida y puesta en un palo en dicho Mompox”[17]
Séptimo en la fila hacia el cadalso, se anota su serenidad, al igual
que la del resto de nuestros mártires.
Este es el óleo de El Pacificador Pablo Morillo.
Santiago Stuart
Hecho prisionero en las Islas del Rosario el 7 de diciembre de 1815
tenía 28 años de edad. No se le conoce descendencia.
El siguiente es el relato del testigo Martín José Tatis, quien siendo
un niño, cuenta lo que presenció:
"Rendida Cartagena, la resolución de mi madre fué trasladarse á
esta Ciudad, por saber qué suerte había corrido mi padre. Allí estaba éste
entre los presos de San Agustín. (1) Recuerdo las negras paredes de su prisión.
Sus compañeros en el edificio eran muchos, pero en la pieza en que él estaba,
se encontraban también un Doctor Burrero, del Cauca; Cardiles de Sabanagrande;
y Tomás León, que fué arrastrado por las calles en un serón y ahorcado.
"Vivía mi familia en la calle de la Soledad; y un día el ruido de
muchas pisadas sobre el empedrado me llamó la atención y corrí hacia una
ventana para ver. Allí estaban mi madre y una tía mía pálidas como difuntos,
viendo venir tropa que marchaba en dos filas, ocupando una y otra acera de la
calle. En medio venían varios sujetos vestidos de paisanos. Reinaba un silencio
que
infundía pavor; no se oían más que las pisadas de los soldados que
daban á aquel aparato una solemnidad terrible. Al pasar por el frente en donde
estaba mi madre, uno de los presos la vio
y sonriéndose la saludó con una inclinación de cabeza era Stuart.
"Mi madre corrió hacia el interior de la casa sin poder contener
las lágrimas. No conocí á los otros compañeros de Stuart: á éste sí porque
visitaba mi casa y su fisonomía me era familiar.
Aquel patriota era bien formado; tenía el aspecto de un inglés y paréceme
que aún le veo, vestido de blanco, con sombrero de paja, pasar y sonreírse . .
. . Á poco rato la detonación de una descarga de fusilería resonó en toda la
ciudad.
"Ese día tenía la fecha del 24 de Febrero de 1.816, que pasó ante
mis ojos sin comprenderlo. Martín José Tatis.”[18]
Y este otro relato contado por el prisionero inglés Michael Scott,
quien cae prisionero de Morillo, al naufragar su barco frente a Punta Canoa, el
“Torch” en diciembre de 1815. Michael
Scott menciona también a un bote con varias personas muertas y un
sobreviviente. Describe un niño muy bonito, metido debajo de una carpa, y el
padre moribundo, pidiendo agua para su Pedrillo. Es muy posible que haya sido
uno de los emigrados.
“… Stuart se aproximó
resueltamente hacia el lugar vacante, se arrodilló, y cubriéndose la cara con
ambas manos, reclinó la cabeza en el borde del banquillo. Por un momento
pareció que alzaba una plegaria, durante la cual se le oyó claramente sollozar,
mas pronto recobrose, se puso en pie y cruzando los brazos sobre el pecho tomó
asiento lenta y deliberadamente en el banquillo, mirando con ojos tranquilos al
pelotón que debía fusilarlo. En ese momento se le notificó que debía volver la
espalda y dejarse atar como sus compañeros. Él se resistió, más como se
intentara obligarle, levantose con ímpetu
y estrechándose ambas manos, gritó: ¡Así, así! Y no de otra manera.
Vosotros podéis asesinarme mas yo soy inglés y no un traidor para morir como
tal”[19]
Casas de habitación de los Mártires
Antonio José de Ayos, en 1815 vivía en la antigua Calle del Cementerio
de la Iglesia, número 130 de la nomenclatura antigua, hoy Calle del
Arzobispado. Con el correr del tiempo le
perteneció a don Felipe S. Paz, y el 13 de noviembre de 1873, se incendian los bajos donde él tenía su
almacén. Juan Bautista Mainero y Trucco
en 1886 la reconstruye, y la vive el señor Lázaro Ramos, esposo de Rafaela
Román Polanco. Para 1945 le pertenecía por herencia a Pedro Trucco Pérez.
Manuel de Anguiano y Ruiz, Coronel de los
Ejércitos Reales, vivió en 1811 en la única casa que está localizada en la
Plaza de la Proclamación marcada con el número 126 de la antigua nomenclatura. Esta casa está al final de la antigua Calle
del Cementerio de la Iglesia, hoy Calle del Arzobispado, haciendo esquina con
la Calle Román, antigua de Lozano que es la más conocida por la placa de mármol
en su frente. Pero para 1815 el Coronel Anguiano vivía en la Calle de la
Factoría en la casa marcada con el número 17 de la antigua nomenclatura la casa
del Marqués de Valdehoyos. Pedro Maciá Domenech la adquiere y la está habitando
para 1870 en que le toman una foto. Sus descendientes la familia Tono, y sus
parientes habitaron en esta casa hasta la década de 1950.
Por esas casualidades de
la vida, tres de los mártires Antonio José de Ayos, Pantaleón de Germán Ribón y
Manuel de Anguiano fueron vecinos en la
misma Calle de Cementerio de la Iglesia, hoy Calle del Arzobispado.
Miguel Díaz Granados y Núñez Dávila, su casa de habitación estaba
localizada en la Calle del Estanco del Aguardiente, número 811, esquina con de
la Calle del Tejadillo. Habitada para 1886, por el señor Simón Gutiérrez de Piñeres
y Gutiérrez de Piñeres, padre de nuestro gran escritor, Eduardo Piñeres
Lemaitre.
Manuel del Castillo y Rada habitó la Casa del Consulado, recién casado y
es aquí en donde fue depuesto el 17 de octubre de 1815 a las 6 de la mañana.
Casa ésta localizada en la Calle del Sargento Mayor.
En esta casa marcada en su puerta principal con el número 444, de la
nomenclatura antigua era habitada por su propietario Manuel Rodríguez Torices y
Quiroz. Esta casa está localizada en la
Calle del Cuartel del Fijo. Para 1886 funcionaba la Escuela Normal de
Señoritas.
Y por último, los siguientes Mártires no tuvieron casas fijas y se cree
que vivieron de la siguiente manera:
José Portocarrero, como no habitaba en Cartagena, se pudo haber bajado
en alguna casa de funcionarios del Gobierno.
De Santiago Stuart, siendo militar, podría haber estado alojado en el
Cuartel del Fijo. Y del Coronel Martín Amador activo militar, no podía tener
residencia fija, parece ser que estaba avecindado en Cádiz. Es probable que
habitase en la casa de su hermano Juan de Dios Amador, al lado de la casa de
los Rodríguez Torices, vecinos de la Calle del Cuartel y frente al mismo.
Fechas Históricas del Siglo XIX
Del libro Los Mártires de Cartagena de José P. Urueta,
se han tomado toda la información sobre los decretos emitidos para homenajear a
los próceres y las fiestas cívicas en su honor.
1821 Octubre – Decreto
sobre los mártires de la patria.
El Congreso General de Colombia - Se
decreta:
1ro
2o Los que por sus servicios y su opinión,
perecieron en los patíbulos, condenados en odio de la virtud con el designio de
afirmar la tiranía que se propusieron destruir, son MÁRTIRES DE LA LIBERTAD DE
LA PATRIA, y en su memoria debe trasmitirse a la posteridad con la gloria de
que es digna. Comuníquese al Poder Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.
Dada en el Palacio del Congreso
general en el Rosario de Cúcuta, a 11 de Octubre de 1821. –11o.
Ejecútese. Francisco de Paula Santander.
1855 Se decretan los nombres de los Mártires
Cartageneros
El Concejo Municipal de
Cartagena, (1855) en uso de sus
facultades legales, decreta:
Artículo 1o
Artículo 2o. Decláranse
Mártires de la Patria a los egregios ciudadanos Manuel del Castillo,
Martín Amador, Pantaleón Germán Ribón, José María Portocarrero, Santiago
Stuart, Antonio José de Ayos, José María García de Toledo, Miguel Díaz Granados
y Manuel Anguiano, que en los patíbulos sellaron con su preciosa sangre el acto
de heroísmo, de abnegación y de civismo de que ha hecho mención.
Artículo 3o. Para
perpetuar la memoria de las acciones portentosas que convirtieron en pueblos
libres esta comarca del hemisferio de Colón; y para testificar el amor, la
veneración y el reconocimiento que se debe a los hombres ilustres que la ejecutaron,
la Plaza del Matadero, donde algunos de ellos fueron sacrificados el nefasto
día 24 de Febrero de 1816, se denominará en lo sucesivo Plaza de la
Independencia, y en ella se levantará una columna ática, cuyo basamento será
cuadrado y en cada frente se escribirá una de las siguientes inscripciones:
11 de NOVIEMBRE DE 1811 - 24
DE FEBRERO DE 1816
A los defensores de Cartagena en
1815 - A las víctimas de la Independencia
Artículo 4o. Con el mismo
objeto se colocará en la sala de las sesiones del Concejo municipal un cuadro
que contenga el Acta de Independencia y los retratos de los hombres eminentes
que se expresan en el artículo segundo.
Sobre el acta se escribirá en letras
de oro:
A LOS FUNDADORES DE LA INDEPENDENCIA
- El Concejo municipal de Cartagena 1855
Y al pie de cada uno de los
retratos, lo que sigue, respectivamente:
NN SACRIFICADO ERÓICAMENTE POR LA
PATRIA EN (tal parte) EL DIA (tal)
El Concejo municipal de Cartagena
honra su memoria
Dado en Cartagena, a 5 de Mayo de
1855
El Vice-Presidente del Concejo,
Francisco de Zubiría (Castillo)
El Secretario, Henrique de León
Alcaldía municipal de la
Catedral. –Cartagena, a 7 de mayo de
1855.
Publíquese y ejecútese, Francisco de
Borja Ruiz y Redondo
El Secretario, Joaquín Llach.
1874 - Fiesta Cívica 11 de Noviembre
“El doctor Eugenio Baena, Presidente
del Estado en 1874, tomó gran interés en que la celebración de aquel
aniversario del 11 de Noviembre de 1811 fuera lo más suntuosa posible; por eso,
la Junta directiva de las fiestas esmerose en organizar variados espectáculos,
y uno de ellos fue la exposición en uno de los extremos del Paseo Público de un
gran Cuadro al temple, que representaba a los mártires del 24 de Febrero en
1816 en el momento de marchar al cadalso.”
Pintura alegórica al fusilamiento de los mártires, óleo de Luis Felipe
Jaspe Franco. Fue mandado a pintar por el señor don Carlos Jiménez, natural de
Cartagena para exhibirlo el 6 de agosto de 1874 en Mompox. (Este Carlos
Jiménez, puede ser hijo de Carlos Jiménez y de Germán Ribón, casado en segundas
nupcias con la viuda de Manuel del Castillo y Rada, concuerda el nombre y su
relación con Mompox).
“He aquí una ligera descripción del
Cuadro, para los que no lo hayan visto.
Sobre un Lienzo de seis metros de largo por cuatro de ancho preséntase
en el fondo una vista de las murallas de Cartagena desde el baluarte de San
Ignacio hasta el de San Pedro Apóstol, o poco más; destácanse en término más
lejano la parte alta de los edificios situados en la Plazoleta de los coches y
las agudas torres de la iglesia de San Juan de Dios; y a la izquierda, el
atracadero de embarcaciones menores y una porción de las fuerzas sutiles
españolas que el 24 de Febrero de 1816 se estacionaron allí, compuestas de diez
y seis escuchas y seis bongos de guerra, todos debidamente armados y
tripulados.
En primer término aparecen, desde luego, en la pintura, los Mártires,
vestidos de blanco, a excepción de Anguiano, entre una escolta de soldados, y
en actitud de marcha hacia los patíbulos que están colocados a la derecha del
Cuadro a lo largo del Caño de San Anastasio.
Cerca de estos se ve: el tablado (las escaleras en alto) donde fue
degradado Anguiano, y tres sargentos en traje de cuartel, los que ataron y
vendaron a los Mártires.
La tropa que presenció la ejecución (que constaba de 8.000 hombres), formó
un cuadro, con banderas, dejando sin cubrir el lugar en que estaban situados
los banquillos; pero el artista sólo nos presenta dos de los lados: aquel en
donde se alineó el Regimiento de León a cuatro filas, -y el del frente de los
patíbulos, formado por el Regimiento de Granaderos a cuatro hileras, delante
del cual aparece el Estado Mayor general del Ejército español.
Mandaba la formación un Jefe de alta
graduación, a caballo; teniendo a su lado un Ayudante de campo y un tambor de
órdenes. (Pablo Morillo ya no se
encontraba en la ciudad).”
1878 - Fiesta Cívica del 11 de Noviembre
Amanecen en la Plaza de la Independencia nueve columnas pintadas de
blanco, que parecía mármol, equidistantes y con los nombres de los nueve mártires
escritos en letras de color oro, dentro de una corona de laurel. Mientras tanto, las damitas, unas señoritas
entre doce a catorce años, junto con un grupo de señoras, a eso de las cinco de
la tarde salieron de una casa de la Plaza de la Catedral (hoy Plaza de Bolívar)
hacia la Plaza de la Independencia, (hoy Paseo de los Mártires y Parque de
Centenario) y comenzaron a desfilar con unas coronas de flores en sus manos y
se fueron colocando una a cada lado de las columnas.
Tomo del libro de José P. Urueta, Los Mártires de Cartagena, esta
hermosa ceremonia que aparece en El Porvenir del 17 de noviembre de 1878. Se da
comienzo al homenaje, los doctores Rafael Núñez Presidente del Estado y el
doctor Antonio del Real, nos ofrecen unos hermosos discursos. Y para terminar las niñas proceden a la
coronación de las columnas y cada una de ellas recitaba lo siguiente:
“La señorita Rosa Pasos Polanco.
¡Anguiano¡ la patria agradecida
consagra este homenaje a tu memoria.
La señorita Margarita Guerra.
¡García de Toledo! Tu brillante historia en páginas de oro será
esculpida.
La señorita Matilde Tono Maciá.
¡Granados! Tú compraste con tu vida
la libertad del pueblo y la victoria.
La señorita Josefa Benito
Revollo.
¡Amador! También alcanzó la gloria de dejar a su
patria redimida.
La señorita Virginia Hernández.
¡Castillo! Si en patíbulo afrentoso
Destruyeron tu vida los tiranos,
La juventud con inocentes manos
Premia tu sacrificio generoso.
La señorita Alejandrina Maciá (Druce)
¡Stuart ! Tú de York fuiste surgido
Como foco de lúa y heroicidad.
La señorita Sofía Pombo
La sacrosanta voz de ¡Libertad!
Portocarrero lanza enardecido.
La señorita Josefa Pombo (Montes)
¡Ribón! se acoge y en su pecho inflama
lance. El amor de la Patria envilecida.
La Señorita Juana Vives.
¡Ayos! ofrenda su preciosa vida
Y Cartagena ¡Libertad! proclama.
Inmediatamente después, nueve niñitas de cinco á nueve a-
ños de edad, vestidas como ángeles, que llevaban canastillos de
plata rellenos de flores, regaron éstas al pié de las columnas, y en
seguida las señoras arrojaron en el mismo sitio sus ramilletes y las
flores con que iban adornadas; todo en señal de gratitud á los que
con su sangre redimiéronnos de la opresión.
Jamás habíamos presenciado un espectáculo más bello ni más
conmovedor y si de nosotros dependiera, lo haríamos repetir a-
nualmente, al conmemorar el aniversario del 11 de Noviembre de
1,811.
(Tomado de El Porvenir de Cartagena, correspondiente al 17
de Noviembre de 1.878)”
1882 Noviembre -
Iniciativa
Nos cuenta don Eduardo Piñeres
Lemaitre cómo lucía este sector :
“Constituía al principio un ancho y bien
construido camellón que, partiendo de la puerta llamada Boca del Puente,
atravesaba la Plaza de la Independencia, (llamada así a partir de 1855 por
decreto), en línea recta, en una de sus partes
más angostas e iba a terminar enfrente del punto de partida; a los lados
del camellón, que fue su nombre primitivo, se colocaron algunos escaños en
forma rústica. A pesar de ser tan pobre y humilde, como le permitían los
recursos de la época, era muy concurrido, sobre todo por las tardes y las
primeras horas de la noche, en que se congregaban allí los que después del
arduo trabajo del día, querían gozar del fresco que brindaba aquel lugar y
disfrutar de la grata compañía y amena charla de los amigos”. Hasta aquí la
descripción de don Eduardo Gutiérrez de Piñeres Lemaitre.
A finales del siglo XIX, entramos en
la era de los grandes hombres llamados la “generación Centenarista”. Corre el
año de 1882, y esta joven generación con ese ímpetu pujante de progreso y
desarrollo de su amada ciudad, tiene la
inquietud de embellecerla, sacarla adelante, y prepararse para la pronta
llegada del Centenario de nuestra Independencia.
Coincidencialmente
llega a Cartagena en Agosto de 1871 un señor llamado Francisco Javier Balmaseda,
de nacionalidad cubana, nacido en 1823. Filántropo, escritor, comerciante y
patriota, al decir de don Donaldo Bossa Herazo, quien es acogido ampliamente
por los cartageneros y se une con muchísimo entusiasmo con todo este nuevo
renacer de la Cartagena de otrora. Francisco Balmaseda, como se le conoce, tiene
la iniciativa de construir el Paseo de los Mártires y para impulsar esta idea
publicó un “periodiquito” llamado El
Paseo.
Haciendo eco
y dando sus primeros “pininos”, estos grandes jóvenes visionarios como José
Manuel Goenaga, siendo el primer Gobernador del Departamento de Bolívar, Maximiliano Medardo Méndez, como
Presidente de la Asamblea, Manuel Antero de León Porras, Vicente García del
Real y García del Fierro, y Francisco de Paula Manotas como secretario general del Estado disponen
lo siguiente:
1882 Ley 51- La Asamblea Legislativa del Estado
Soberano de Bolívar.
Dispone:
Artículo 1. Autorizase al Poder Ejecutivo para que acepte y cumpla el contrato celebrado en Roma por el Sr. Dr. Eugenio Baena, con el señor Felipe Moratilla, escultor, por el cual se debe hacer nueve bustos en mármol blanco de carrara, de los mártires del 24 de febrero de 1816, y uno del señor Manuel Rodriguez Torices, víctima también de su amor a la patria.
Artículo 2. Los bustos expresados en el artículo anterior, serán colocados en sus respectivos pedestales a uno y otro lado del Paseo Público de esta capital.
Artículo 1. Autorizase al Poder Ejecutivo para que acepte y cumpla el contrato celebrado en Roma por el Sr. Dr. Eugenio Baena, con el señor Felipe Moratilla, escultor, por el cual se debe hacer nueve bustos en mármol blanco de carrara, de los mártires del 24 de febrero de 1816, y uno del señor Manuel Rodriguez Torices, víctima también de su amor a la patria.
Artículo 2. Los bustos expresados en el artículo anterior, serán colocados en sus respectivos pedestales a uno y otro lado del Paseo Público de esta capital.
Francisco de
Paula Manotas Vicente García del Real
Dado en Cartagena a 28 de Noviembre
de 1882
Presidente de la Asamblea - M.M Méndez (Maximiliano Medardo Méndez Martínez)
El secretario - M. Antero de León (Manuel Antero de León Porras)
Despacho del Poder Ejecutivo del Estado - Cartagena 20 de Noviembre de 1882
Publíquese y ejecútese
(L.S) - V. García (Vicente García del Real y García del Fierro)
El Secretario General del Estado - F de P (Francisco de Paula) Manotas
Presidente de la Asamblea - M.M Méndez (Maximiliano Medardo Méndez Martínez)
El secretario - M. Antero de León (Manuel Antero de León Porras)
Despacho del Poder Ejecutivo del Estado - Cartagena 20 de Noviembre de 1882
Publíquese y ejecútese
(L.S) - V. García (Vicente García del Real y García del Fierro)
El Secretario General del Estado - F de P (Francisco de Paula) Manotas
1882 Homenaje Municipal a los Mártires - Nombramiento de Calles
Ese mismo año la Junta de Alumbrado
Público de Cartagena le encomendó a José P. Urueta la demarcación de las
Carreras, Calles, Plazas y Casas de la ciudad.
Como había calles con nombres
repetidos, o con nombres “bárbaros”, o
con ninguno, se autorizó a darle a algunas calles los nombres de los
Mártires. De esta demarcación, solamente
han quedado en la memoria del pueblo, la Calle de Ayos, la Calle de
Portocarrero, ya mencionada, la Calle Stuart en San Diego. Y las menciono con la nomenclatura de hoy día
(2015).
La Calle de Santodomingo del Carmen,
le dieron el nombre de Calle Torices.
Está de sur a norte comenzando en la encrucijada de la Calle de Baloco,
Santa Teresa e Inquisición, y termina en la Plaza de Santo Domingo.
A la Segunda de Badillo se le dio el
nombre de Calle de García Toledo.
La Calle Santo Domingo que corre de
este a oeste comenzando en la encrucijada de la calle de la Iglesia, Ayos y Santos
de Piedra, fue llamada Calle de Amador.
La Calle Vicaría de Santa Teresa,
que da a espaldas del Convento de Santa Teresa, se le dio el nombre de Calle de
Castillo y Rada.
La Calle de San Agustín Chiquita,
que corre de este a oeste, y desemboca en la Plaza de la Universidad, se le da
el nombre de Calle de Anguiano.
En esta Calle de Portocarrero, la
cual conserva su nombre, antiguamente fue conocida como la Calle del Esclavo,
estuvo la bien conocida Joyería Cesareo entre la esquina de la Calle de las
Carretas hasta la esquina de la Calle del Colegio.
La Calle Stuart, hoy día, se le
llamó anteriormente la Calle de Santa Clara, ha mantenido su nombre, desemboca en la Plaza
de San Diego, llamada en ese entonces la Plaza de Sucre.
A la Calle Larga en Getsemaní, se le
dio el nombre de Calle de Granados, por Díaz Granados. Y este es un dato interesante. No se había construido el Puente Román
todavía. Los barcos atracaban en la
playa de Barahona a pocos metros de la Iglesia de la Tercera Orden. Así que
observen como describen la localización de la calle. Al oriente está la encrucijada de las calle
de D’Elhuyar,
Villapol y San Antonio.
Y al
occidente termina en la encrucijada de la Calle Piñeres y la Calle de San Juan.
[20]
1886 Octubre
“Por el cual se abre un crédito al
presupuesto de gastos del año en curso.
El Jefe Civil y Militar del
Estado Soberano de Bolívar, en uso de sus facultades legales y extraordinarias,
y Considerando
1o Que la suma de trescientos pesos
votados para la celebración de la gloriosa fecha del Once de noviembre de 1811,
es insuficiente para la solemnidad que tal acto requiere;
2o Que hay que hacer gastos para la inauguración
de las estatuas de mármol que deben colocarse en la Plaza de los Mártires de la
Independencia para dar cumplimiento a la Ley 51 de 1882; y
3o Que se han encargado fuera del Estado
con el objeto de hacer traer fuegos artificiales y demás objetos para la
festividad del mencionado día de noviembre.
Decreta:
Artículo Único: Ábrese un crédito
adicional al Presupuesto de Gastos del año en curso, hasta por la suma de un
mil pesos, que se imputará al Departamento de Beneficencia y Recompensas,
Capítulo 4o Honores,
Artículo único.
Dado en Cartagena a 28 de octubre de
1886 - José Manuel Goenaga
y J. F. (José Francisco) Insignares
Sierra, Secretario de Hacienda
Como las sumas arriba mencionadas no
eran suficientes para el feliz término de la obra del Paseo de los Mártires, el
señor José Manuel Goenaga solicita la contribución de los pujantes cartageneros
jóvenes como ellos, digamos que de treinta a cuarenta años, si se tiene en
cuenta que la gran mayoría habían nacido en la década de 1850 en adelante, con
este documento:
“Excitación
Señores: El día 11 de noviembre,
fecha de indiscutible importancia en la obra de la emancipación de la República
es la más a propósito para inaugurar los bustos de mármol que la Honorable
Asamblea del Estado, en nombre del Pueblo, mandó hacer de los Mártires y
Próceres de la Independencia. Para esta obra se necesita, poco más o menos, la
suma de ochocientos pesos, y deseando que este acto se justifica y de
reconocimiento sea de carácter esencialmente popular, me he permitido colocar a
ustedes en la lista adjunta, para que, en su propio nombre y en el de aquellos
que no pueden, contribuyan con la cuota que dicte a ustedes el patriotismo. El
señor Enrique Benedetti (Núñez) está comisionado para recoger las
suscripciones. Tengo el honor de suscribirme de ustedes muy atento, seguro
servidor y compatriota.
José Manuel Goenaga - (No trae
fecha, pero sin duda data de 1886)”
A continuación los nombres completos
de los aportantes a los cuales yo he podido identificar a través de mis notas
genalógicas.
·
Doctor
Vicente A. García del Real García del Fierro, gran médico, debe su nombre la
Calle Vicente García, $10.oo
·
Pedro Vélez
Martínez, padre de los Vélez Racero $20.oo
·
Doctor
Manuel Joaquín Araújo y Sanz de Tejada y su hijo Antonio José Araújo de León,
fundador de El Porvenir, $50.oo
·
Don
Bartolomé Martínez Bossio, tronco de la familia Martínez Aycardi, $30.oo
·
Doctor
Joaquín Fernando Vélez Villamil, y su hijo Simón José Vélez de la Vega, $20.oo
·
Vélez e hijos,
Sucesores de Agustín Vélez Méndez, los Vélez Leclerc, $20.oo
·
Vélez Daníes
& Cía, (Carlos y Fernando Vélez Daníes), $30.oo
·
Manuel Gómez
& Cía, (Manuel Gómez de Pombo), $20.oo
·
Antonio
Julián Román Polanco, cuñado de Manuel Gómez de Pombo, $10.oo
·
Henrique de
la Espriella Navarro-Prieto, padre de los de la Espriella Abadía, $20.oo
·
Pedro
Melitón Maciá Macaya, padre de las niñas Maciá Druce, dando origen a la
dinastía Merlano Maciá y Stevenson Maciá, $20.oo
·
José Vicente
Mogollón Cavero, padre de don Pepe Mogollón, $20.oo
·
Francisco
“Pachín” de Zubiría Villa, $10.oo
·
Luis Felipe
“Ipe” de Zubiría Villa, (hermano del anterior) padre de los Zubiría Martínez,
$10.oo
·
José del
Carmen Villa Angulo, (General y abuelo de Zubiría Villa), $25.oo
·
Pombo
Hermanos (Esteban y Joaquín de Pombo Porras), $5.oo
·
Rafael del
Castillo del Castillo, padre de los Del Castillo de la Espriella, $20.oo
·
Merlano
& Cía, (Manuel Salvador Merlano Palas, dueños de la primera fábrica de
hilados y tejidos que funcionó en Cartagena y Colombia, yerno de Pedro Melitón
Maciá Macaya), $10.oo
·
Blas de
León, (padre de la familia De León Sotomayor, la famosa casa de Las Leoncitos,
hoy día Casa Pombo, de sus herederos, habitada por la misma familia por más de
cien años) $20.oo
·
F&A
Franco, (Francisco y Ambrosio Franco Navarro, hermanos, traen los primeros
teléfonos en Cartagena), $10.oo
·
Manuel Villa
Angulo, (hermano del General José del Carmen Villa Angulo), $10.oo
·
Leopoldo E.
Villa Angulo, (hermano de los anteriores, y casado con Marica Aycardi Fraumeni{¡no
se rían! nombre confirmado por José Enrique Rizo Pombo} sin descendencia, y
cuñado de don Bartolomé Martínez Bossio), $5.oo
·
Eduardo de
Amador del Fierro (esposo de Vicenta Escauriaza López, tía del Tuerto López), $5.oo
·
Ernesto
Lemaitre Torres, (padre de los Lemaitre Tono), $5.oo
·
Simón
Gutiérrez de Piñeres Gutiérrez de Piñeres, (padre de Eduardo Piñeres Lemaitre,
nuestro insigne escritor), $5.oo
·
Tomás
Burghalt Watts Porras, (abuelo de los Trucco Watts), $5.oo
·
Julio L.
Delgado Carmona, (hermano del Dr. Arcos, Camilo S. Delgado Carmona), $5.oo
·
Antonio
Carlos de Amador del Fierro, (padre del famoso Conde de Amador, Alejandro
Amador Cortés) $2.oo
·
Pedro A.
Navarro (casado con Dolores López Bessada, tía del Tuerto López), $5.oo
Solo recogieron $427.oo. Datos tomados
de Nomenclátor, de Donaldo Bossa Herazo.
Quién diseña los Bustos y el Paseo de Los Mártires
De igual forma diseña hermosamente
el trazado del Paseo de Los Mártires en 1886 y lo remodela enalteciendo su
belleza para la celebración del Centenario en 1911.
Fiesta de Inauguración del Paseo de los Mártires –
11
de noviembre de 1886
Los bustos fueron colocados a ambos
lados del Paseo público (1) en esta forma: sobre un zócalo elegante de
mampostería, forrado de jaspe blanco, se levanta una base cuadrangular de
mármol; encima de esta, una columna ó pilastra con su cornisaje y luego el
busto. Al pié de cada columna estaba una señorita vestida de blanco con una
corona de laurel en la mano, varias preciosas niñitas con flores en ricos
canastillos, y numerosas señoras y señoritas. La tribuna pública ocupábala el
Doctor Manuel María Casas, quien, con entonación, pronunció un bello discurso
que arrancó los aplausos que siempre cosecha tan elocuente orador. Á la primera
palabra del Tribuno los velos que cubrían los bustos cayeron, la tropa presentó
las armas, la artillería hizo dos disparos que fueron la señal para que en las
murallas se continuasen cada cinco minuto, hasta completar 21, y todos los
circunstantes descubriéronse ante la Majestad invisible de la Patria”.
“(1) El Paseo público se extiende
perpendicularmente á la muralla que separa
á Cartagena del arrabal de
Getsemaní”[21]
Cómo es que se trastocan los bustos de los Mártires
Veinticinco años después de la
Inauguración del Paseo de Los Mártires para el Centenario de la Independencia
el 11 de noviembre de 1911, se remodela “El Camellón”, se bajan los bustos de
sus pedestales para hacerles un retoque, maquillarlos y para estar acorde con
el nuevo Parque del Centenario, Mercado Público, Muelle de la Bodeguita,
Monumento a la Bandera y la Puerta Balmaseda. A este sector se le llamaba la
“sala” de Cartagena. Como les conté al principio, en un momento de
efervescencia y calor, ciertos bustos fueron colocados equivocadamente en sus
pedestales.
A continuación trataré de mostrar
los pedestales y los bustos que presumimos han sido trastocados, así como
también los pedestales con los nombres de los bustos y óleos que sí coinciden. De
la misma forma se colocarán los pedestales y los bustos de los cuatro únicos
militares que son: Santiago Stuart, Manuel del Castillo y Rada, Manuel de
Anguiano y Pantaleón de Germán Ribón.
Caso Número 1
Manuel Rodriguez Torices y Quiroz. Óleo y foto del
busto, como está actualmente.
Caso Número 2
Miguel Díaz Granados y Núñez Dávila, óleo y foto del
busto, como aparece actualmente.
Caso Número 3
Antonio José de Ayos y Necolalde, en el pedestal presumiblemente del busto de Manuel Rodríguez Torices y Quiroz. No tenemos óleo del señor Ayos, para compararlo.
Caso Número 4
Martín Amador y Rodríguez Funes, busto y pedestal como
aparece en la actualidad. No tenemos óleos de ninguno de los dos.
Comparación de los óleos y
los bustos que se cree han sido trastocados
Comparación Número Uno
Óleo de Manuel Rodríguez Torices y Quiroz y foto del busto en el pedestal aparentemente
de Antonio José de Ayos. Nótese el pelo,
la patilla, el cuello, el ribete del saco, el corbatín y la camisa. Se nota que
es copia del óleo.
Comparación Número Dos
Miguel Díaz Granados y Núñez Dávila, óleo. Foto del busto en el pedestal presumiblemente
de Manuel Rodríguez Torices y Quiroz. Nótese el rizo del pelo encima de la frente,
el cuello del saco, el corbatín, y la camisa, se nota que es copia del óleo.
Comparación Número Tres
Foto del óleo de Juan de Dios Amador y Rodríguez
Funes, hermano de padre y madre de Martín de Amador y Rodríguez Funes y foto el
busto de Martín de Amador presumiblemente en el pedestal de Miguel Díaz Granados. Tienen bastante parecido.
Comparación Número Cuatro
Martín Amador Rodríguez y Funes, pedestal, el busto
presumiblemente es de Antonio José de Ayos y Necolalde por proceso de
eliminación.
Bustos y pedestales que
coinciden con los óleos de los mártires
José María García de Toledo, Busto, Pedestal y Óleo,
coinciden.
José María Portocarrero y Lozano, Pedestal, Busto y
Óleo coinciden.
Manuel de
Anguiano, Óleo, Busto y Pedestal coinciden.
Pantaleón de Germán Ribón y Segura, Óleo y Busto y
Pedestal coinciden.
Manuel del Castillo y Rada Óleo, Busto y
Pedestal. El uniforme del óleo y del
busto no coincide. Bien puede ser diferentes rangos. El peinado es diferente, no tiene patillas.
Por proceso de eliminación ya que tenemos solo cuatro militares.
Conclusión
Como vemos y gracias al internet, hemos podido, para
sorpresa de todos, comprobar que la leyenda de los mártires trastocados era
legítima. Los cuatro bustos los cuales
fueron colocados equivocadamente, que son Antonio José de Ayos, Manuel
Rodríguez Torices, Miguel Díaz Granados y Martín Amador, debemos solicitar se
restablezcan a los pedestales originalmente diseñados por nuestro gran artista
Luis Felipe Jaspe Franco.
Aunque no tenemos hasta el momento óleos de Antonio
José de Ayos y de Martín Amador, es gracias al óleo de Juan de Dios Amador,
hermano de padre y madre de Martín, que se pueden reconocer ciertos rasgos de
familia. El busto de José Antonio Ayos
nos presenta a un señor de cara llena, plácida y bonachona, que por proceso de
eliminación coincidimos en que es el prócer. Manuel del Castillo presenta
diferencias en el peinado y el uniforme, pero se reconocen ciertos rasgos en su
fisonomía.
Para el 24 de febrero de 2016, al cumplirse los 200
años del fusilamiento de los mártires, y de miles de cartageneros quienes ofrendaron
sus vidas en aras de un ideal de un nuevo mundo y un nuevo orden, del cual
estamos gozando hasta el momento, deberíamos no solo expeditamente enmendar la
bien intencionada equivocación, sino dar a conocer al mundo entero nuestro
sacrificio.
Mis agradecimientos para los miembros del Grupo en
Facebook, “Biografías de Personajes Cartageneros a través de la Historia”
quienes aportaron sus conocimientos muy gentilmente, a Rafael Luna Franco quien
me dio la idea, a Germán Pino Arboleda quien aporta los óleos del Museo
Nacional, a Rosario “Yayo” Díaz por las fotos de los mártires; a Álvaro Lecompte Luna, qepd. …. y por último
a Luis Guillermo “Willy” Martínez, quien colaboró aportando ideas.
Bibliografía
Angulo Bossa, Álvaro
·
El Régimen del Terror, Cartagena de Indias/ Morillo en
Santa Fe de Bogotá. Manuscrito 2008.
·
Los Mártires, su vida, sus confesiones, manuscrito,
2008
Corrales, Manuel Ezequiel
·
Rectificaciones y adiciones a la obra: Cartagena y sus
Cercanías del señor José P. Urueta.
·
Documentos para la Historia de Cartagena; Colección
Corrales— Tomo II
García Azuero, María Victoria
- Grupo en Facebook, Biografías de Personajes Cartageneros a través de la Historia,
Jiménez Molinares, Gabriel
·
Linajes
Cartageneros - Los Del Castillo y Rada. Edición Oficial No. 1.2.3.4.5.6,
Cartagena, 1951, Publicaciones de la Dirección de Educación Pública - Extensión
Cultural Imprenta Departamental
·
Los Mártires de Cartagena, ante el Consejo de Guerra y
ante la Historia. Imprenta Departamental, Cartagena, 1951
Lemaitre Román, Eduardo
·
Historia General de Cartagena de Indias. Tomo III
Scott, Michael
·
Tom
Cringle’s Log. Blackwood’s Magazine, Glasgow, 1829.
Urueta, José P.
·
Los Mártires de Cartagena, 1887
·
Cartagena y sus Cercanías. Guía Descriptiva de la
Capital del Estado Soberano de Bolívar en los Estados Unidos de Colombia.
Tipografía Donaldo E. Grau, Cartagena, 1888.
Urueta, José P. y Gutiérrez de Piñeres, Eduardo
·
Cartagena y sus cercanías Volumen I y II, 1912 - Segunda
Edición Corregida y Aumentada. Tercera
Edición 2011.
[1] Jiménez Molinares, Gabriel.
Los Mártires de Cartagena de 1816. Pág.373
[2] José P. Urueta, Eduardo Gutiérrez de Piñeres -- Rectificaciones y
adiciones a la obra: Cartagena y sus Cercanías, pág. 24
[3] José P. Urueta, Cartagena y sus Cercanías, pág. 119
[4] José P. Urueta, Cartagena y sus Cercanías, pág. 119
[5] Álvaro Angulo Bossa, en su libro El Régimen del Terror, manuscrito
enviado a esta servidora.
[6] José P. Urueta, Los Mártires de Cartagena, pág. 25
[7] José P. Urueta, Los Mártires de Cartagena, pág. 30
[8] José P. Urueta, Mártires de Cartagena pág.
124
[9] Idem, pág. 155
[12] Eduardo Lemaitre. Historia
General de Cartagena de Indias. Tomo III Pág. 192
[13] Gabriel Jiménez Molinares, Linajes Cartageneros, Los del Castillo y
Rada
[14] Álvaro Angulo Bossa. Régimen
del Terror, manuscrito.
[15] Álvaro Angulo Bossa, El Régimen del Terror, mauscrito.
[16] Eduardo Lemaitre, Historia General de Cartagena, página 204.
[17] Álvaro Angulo Bossa, El Régimen del Terror, manuscrito.
[18] (Documentos para la Historia de Cartagena; Colección Corrales— Tomo
II, página 229
[19] Michel Scott, obra citada por Jiménez Molinares.
[20] Tomados los datos de Los Mártires de Cartagena, de José P. Urueta,
páginas 188-194
[21] José P. Urueta, Los Mártires
Comentarios
Publicar un comentario